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Zoom es una aplicación para realizar videollamadas que durante el mes de abril se ha convertido en la app más descargada tanto en la Apple Store como en Google Play.

A pesar de que, sobre todo durante las primeras semanas de la cuarentena se registraron algunos fallos que afectaron a la seguridad y privacidad de los usuarios, la aplicación ha tomado medidas drásticas, incluso comprando una compañía de encriptación, para garantizar la seguridad de las comunicaciones. Es por esto que Zoom cada día es más utilizada, no solo para realizar videollamadas con amigos y familiares, sino también en entornos corporativos para llevar a cabo videoconferencias o clases online.

Incluso un juzgado de Singapur la ha empleado también para sentenciar a una persona a muerte esta semana… pero no ha sido el único uso «extraño» que se le ha dado a Zoom recientemente. El pasado jueves, durante una reunión celebrada en la ciudad de Nueva York, en Estados Unidos, algunos participantes pudieron ver el asesinato de una persona en vivo y en directo.

A pesar de que el hecho no se enfocó con nitidez, algunas personas de la sala pudieron ver cómo Thomas Scully de 32 años de edad, asesinaba a puñaladas a su padre, Dwight Powers, de 72 años.

Tras haber cometido el parricidio (en términos criminalísticos, cuando el asesinato de una persona es cometido por su propio hijo) Thomas saltó por la venta huyendo rápidamente del lugar, aunque el joven fue capturado por las autoridades una hora después del suceso, gracias a la oportuna intervención de los participantes de la videoconferencia, quienes llamaron a la policía.

Según el informe de los cuerpos policiales, algunos participantes, que veían en ese instante la cámara del Sr. Powers, observaron el hecho en vivo, contemplando cómo era asesinado y luego su caída al suelo.

A pesar de que no se saben los motivos que llevaron a Thomas a asesinar a su septuagenario padre, las autoridades locales del condado de Suffolk han informado que proporcionarán más datos sobre lo ocurrido, una vez que puedan interrogar al sospechoso, quien sufrió heridas leves, cuando sea tratado y dado de alta del centro hospitalario en el que se encuentra ingresado.

No es la primera vez que ocurre un hecho de estas características durante una emisión en directo. Ya en 2019 en Christchurch, Nueva Zelanda, se transmitió en vivo por Facebook Live una matanza de 50 personas. En este caso la emisión se realizaba en abierto, y en el de Zoom, en privado, ante un grupo de personas que habían sido convocadas a la videoconferencia.

A pesar de la diferencia entre los dos casos, hay un hecho claro. A las compañías que permiten la retransmisión o la conexión de individuos en directo se les plantea el reto de poder controlar que no se difundan contenidos delictivos o perjudiciales. ¿Cómo frenarlos antes de que sucedan? No parece tarea fácil.

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